sábado, 11 de octubre de 2008

Eugenio Montale por Francisco Arias Solis

EUGENIO MONTALE
(1896-1981)

“Del brazo tuyo he bajado por lo menos
un millón de escaleras
y ahora que no estás, cada escalón es un vacío.
También así de breve fue nuestro largo viaje.”
Eugenio Montale.


LA VOZ DE LA POESIA HERMÉTICA Y CRESPUSCULAR

El poeta Eugenio Montale estuvo bastantes años vinculado al periodismo. Muy influido en sus primeras obras por los simbolistas franceses, su poesía hermética y crepuscular se ha asociado con las de Ungaretti y Quasimodo, constituyendo el quizá máximo exponente del hondo pesimismo del periodo de entreguerras. Ha sido considerado uno de los fundadores del hermetismo italiano.

Eugenio Montale nació en Génova el 12 de octubre de 1896 y falleció en Milán el 12 de septiembre de 1981. Inicia sus estudios en su ciudad natal que su deficiente estado de salud le obligó a interrumpir. Aficionado a la música desde su infancia le llevó más tarde a ser crítico musical. Oficial durante la primera guerra mundial, se opuso al fascismo desde sus inicios. En 1925, firmó un manifiesto de los intelectuales contra el fascismo, que había sido inspirado por Benedetto Croce. En Florencia conoce a Drusilla Tanzi, con la que mantuvo durante muchos años una profunda relación y con la que contrajo matrimonio en 1962, En 1929 fue nombrado director del prestigioso Gabinete Viesusseux, cargo del que fue destituido diez años más tarde por sus manifestaciones antifascistas. Tras fundar y dirigir diversas publicaciones literarias, fue desde 1948 director del periódico milanés Il Corriere della Sera. Cultivó de forma notable la traducción, en especial de poetas ingleses. Tradujo también el Canto espiritual, de Maragall. Obtuvo el premio Feltrinelli, y los títulos de doctor honoris causa por las universidades de Milán, Roma, Cambridge y Basilea. Nombrado senador vitalicio en 1966, fue galardonado con el premio Nobel de Literatura en 1975.

De su obra poética destacan: Huesos de sepia (1925), su primer libro de poemas, en el que se sitúa dentro de la corriente vanguardista de la época y su temática se centraba en la angustia y la soledad humanas rodeadas de un mundo insensible y beligerante, su gran anhelo es la liberación de los demás, ya que él mismo no puede conseguirla; su segundo libro, Ocasiones (1939), pretende una recuperación de recuerdos personales, como algo perdido indefectiblemente, que contrarresten la presencia del mal; Cuaderno de traducciones (1948), antología de poetas traducidos por él; La tormenta y otras cosas (1956), La mariposa del café de la plaza (1956); colección de relatos breves y apólogos; Autos de fe. Crónicas en dos tiempos (1966), Satura (1971) y Xenia (1972). En 1973 apareció su Diario (1971-1972), en 1976 una colección de ensayos y artículos publicados entre 1920 y 1975 con el título Sobre la poesía, en 1974 el Cuaderno de cuatro años, donde se recogen los poemas del periodo 1973-1977, y en 1981 Otros versos, que recopila su producción poética entre 1978 y 1980. Y como dijo el poeta italiano: “Mas nada paga el llanto de ese niño / cuyo globo se escapa entre las casas”.
Francisco Arias Solis
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Paz, queramos paz.

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sábado, 16 de febrero de 2008

MANUEL MACHADO POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

MANUEL MACHADO
(1874-1947)

“Amiga que no se advierte
compañera que se olvida,
afirmación de la vida
que hace pensar en la muerte.”
Manuel Machado.

LA VOZ DEL AMOR Y LA MUERTE

En la creación del poeta sevillano Manuel Machado hay dos temas vitales, presentes de principio a fin y estrechamente conectados: el amor y la muerte, dos corrientes que vienen a juntarse en las aguas de un solo río: el de la vida. A Machado se le relaciona con harta frecuencia con el amor, o mejor dicho, con el amorío. Sin embargo, junto al tema amoroso, Machado ha hecho también de la muerte asunto importante de su poesía. “Poeta de la muerte”, lo llama Gerardo Diego.

Manuel Machado entre el amor y la muerte o, lo que es igual; Manuel Machado ante la vida, que, al cabo, en ese binomio irreductible se concreta para él la existencia: “Canta tú las fatalidades / que son las únicas realidades: / Amor y Muerte”.

Este gran poeta andaluz vivió siempre con la certeza de la muerte clavada en su alma. La sintió revolotear en forma de amenazante mariposa o de agorero murciélago, le caló su frío marmóreo como la nieve invernal hiela la tierra, vio su rostro traidor enmascarado tras el rojo y negro de unos labios generosos y unos ojos azabache con brillo de mortífero puñal, y hasta presintió su acechante presencia en la sombra de su propio cuerpo, fiel y obstinado negativo de su imagen viva: “Sombra, triste compañera / inútil, dócil y muda, / que me sigues donde quiera / pertinaz, como la duda”.

Manuel Machado nace en el barrio de la Magdalena de Sevilla, el 29 de agosto de 1874. Once meses después nace el poeta de las Soledades, su hermano Antonio.

Manuel y Antonio, “almas gemelas”, acuden al colegio del señor Sánchez donde aprenden las primeras letras. En el años 1882, los hermanos Machado conocen el mar, en Huelva. Ambos sienten en su adentros el deseo de ser marinos en cuánto sean mayores. En 1883, los Machados marchan a Madrid y los dos hermanos ingresan en la Fundación Libre de Enseñanza. Comienzan a leer artículos que firma su padre con el seudónimo de Demófilo. Manuel publica su primer libro Tristes y alegres, en 1894. Dos años más tarde, se traslada a Sevilla con el fin de cursar Filosofía y Letras. Aparece su segundo libro Etcétera. A fines de 1897 consigue la licenciatura y se traslada a Madrid, donde frecuenta las tertulias literarias. Dos años después, se traslada a París, como traductor de la editorial Garnier. Aposentado de nuevo en Madrid, recibe la alegría de ver en la calle su libro Alma, que Unamuno comenta entusiasmado. En 1904 estrena en el Teatro del Duque de Sevilla su comedia Amor al vuelo y al año siguiente sale a la luz su poemario Caprichos, de signo modernista. En 1906, aparece La fiesta nacional, tan elogiada por Rubén Darío, un año más tarde se edita Museo y Cantares. Un poco harto de su modo de enfocar la vida se traslada a Barcelona. En 1910 contrae matrimonio con Eulalia Cáceres. En Barcelona aparecen sus libros Trofeos y Poesías escogidas.

En 1912 publica su poemario Cante hondo. Gana la plaza de Bibliotecario Archivero, con destino en Santiago Compostela. Trasladándose posteriormente a la Biblioteca Nacional de Madrid. En 1918 aparece Sevilla y otros poemas.

En colaboración con Antonio escribió diversas piezas teatrales, siendo su obra cumbre La Lola se va a los puertos que es estrenada en el Teatro Fontalba por la famosa actriz Lola Membrives, el día 8 de noviembre de 1929. Dos años más tarde, los hermanos Machado son nombrados “Hijos ilustres y predilectos de Sevilla”. En 1932, se estrena La duquesa de Benamejí.

En 1936, Manuel formula su adhesión al régimen franquista, quedaban muy atrás las ideas liberales heredadas de sus mayores. Dos años después, Pemán y Eugenio d’Ors le comunican que prepare rápidamente su discurso de ingreso en la Real Academia Española. El 19 de enero toma posesión. Por las mismas fechas se publica en Valladolid su poemario Horas de Oro.

Manuel Machado al enterarse de la muerte de su hermano Antonio, se traslada a Colliure, ignorando la muerte de su madre, a quien deseaba consolar. A partir de este triste suceso, Manuel deja de escribir poesía política. Ya no es el mismo hombre ni el mismo poeta. La muerte de Antonio la tiene clavada en el alma. El 19 de enero de 1947 muere Manuel Machado en Madrid.

Enmarcado en la generación del 98 unas veces y en el modernismo otras, su andalucismo surge en toda su obra lírica con tal personalidad y gracia, que le sitúa aparte de los poetas coetáneos que con él compartieron el movimiento renovador de fines y principios de siglo. Y sobre todo otro valor -o valores que son muchos- prevalece su fidelidad a Andalucía, en una especie de misticismo grave y hondo, bien sentido en el alma y en la inteligencia. De ahí que declarase: “No hay nada superior a la canción del pueblo”.

Siguen teniendo vigencia las palabras de Dámaso Alonso, a pesar del tiempo transcurrido desde que las escribió: “Este hombre, este Manuel Machado, parece jugar, parece reír. No; acercaos: llora. Manuel Machado es profundamente significativo, profundamente grave, profundamente triste: expresó la gravedad por medio de la ligereza”.

El precioso poema de Lírica, uno de los más completos autorretratos del autor; titulado “Rima”, termina en estos versos: “Y... nada más. En mi conciencia inquieta / vigila bien. Espero; / sin saber qué. Y, en tanto, / me anego en risa, disimulo el llanto... / y voy viviendo, mientras no me muero”.

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viernes, 15 de febrero de 2008

BERNARDINO FERNANDEZ DE VELASCO POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

BERNARDINO FERNANDEZ DE VELASCO
(1783-1851)

“Si mis heridas se cierran,
no es por benéfica planta,
sino por no separarse
sin decirle adiós el alma.”
Bernardino Fernández de Velasco.

LA VOZ POETICA DE UN EMBAJADOR

Un hecho característico del siglo XIX fue que los poetas (los escritores en general) aspirasen a ocupar un puesto en la organización política de la sociedad. El prestigio social que adquirió la poesía hizo que los poetas importantes fuesen llamados a puestos de responsabilidad administrativa o que los políticos se atrevieran a publicar su obra poética.

Esta importancia social de los poetas y de la poesía sólo es explicable si unos y otra responden a los intereses y gustos de la clase dominante. Es decir, en una época de dominio burgués, el que los poetas ocupen puestos destacados en la Administración Pública, por el hecho de ser escritores de renombre, significa que su escritura no contradice las decisiones del poder. Juan Valera observaba acerca de la poesía civil liberal de origen ilustrado: “Esta poesía de Quintana y de Gallego, tan popular por su origen (...) nunca fue popular en su fin”.

Las revistas burguesas del siglo XIX, especialmente de la segunda mitad, publican asiduamente poesía. Los nombres de los poetas corresponden a los que escriben la mejor poesía del momento.

El caso de Bernardino Fernández de Velasco que, además de ser embajador en París, fue el encargado de formar Gobierno, es un buen ejemplo de lo que hemos dicho anteriormente.

Bernardino Fernández de Velasco, duque de Frías y conde de Peñaranda, nació en Madrid el 20 de julio de 1783. Noble y oficial del ejército al producirse la invasión napoleónica, desoye los consejos de algunos familiares afrancesados y se presenta a la Junta de Sevilla. Toma parte en distintos combates y se retira a Cádiz cuando el estado de su salud le obliga a ello.

A la llegada de Fernando VII defiende el régimen constitucional, y durante el período en que éste predomina es embajador en Londres. Restaurado el absolutismo, se retira a Barcelona y de allí a Montpellier. Regresa en 1828 sufriendo la pérdida de su segunda mujer, María de la Piedad Roca de Togores, a quien dedicaron una corona fúnebre todos los poetas de la época. Embajador de París. Elegido senador por León fue el encargado de formar Gobierno, permaneciendo tres meses en el poder (septiembre-noviembre 1838). Retornó a sus actividades privadas y sólo volvió a la vida política, al ser elegido senador vitalicio. Académico de la Real Academia Española y de la de la Historia, falleció en Madrid el 28 de mayo de 1851.

La obra poética que se conserva de este autor con el título de Obras poéticas del Excmo. Sr. don Bernardino Fernández de Velasco, duque de Frías, ha sido objeto de una edición por la Real Academia Española, a la que hay que añadir su composición La muerte de Felipe II, premiada por el Liceo en 1842. Clasicista en la mayor parte de su lírica, muestra también algún sentimiento romántico como podemos comprobar en su “Romance morisco”, que finaliza con estos versos: “Llega a su campo, desmonta; / sigue llorando a su amada / y ansia que torne a la noche / para que le hable y hablarla”.

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MARIANA PINEDA POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

MARIANA PINEDA
(GRANADA, 1804-GRANADA, 1831)


“¡Oh qué día tan triste en Granada
que a las piedras hacía llorar,
al ver que Marianita se muere
en cadalso por no declarar.”
Romance popular.

LA VOZ DE LA HEROÍNA DE LA LIBERTAD

Mariana Pineda, la romántica heroína de la libertad, nacida en Granada el 1 de septiembre de 1804, fue ajusticiada a manos de la reacción absolutista de Fernando VII, el 26 de mayo de 1831, por bordar una bandera de los liberales.

Casi cien años después, en 1925, Federico García Lorca escribe Mariana Pineda, su drama romántico, obra literaria más que teatral, más lírica que dramática, ya que en todos los personajes casi siempre se escucha indistintamente la personalísima voz del poeta. “Yo soy ante todo –decía Federico- poeta dramático”.

El estreno en Madrid del drama Mariana Pineda durante la dictadura de Primo de Rivera constituyó un acontecimiento literario y tuvo también un profundo sentido político. Toda la España amante de la libertad acudió a las representaciones. Federico que tenía escrita la obra desde casi tres años, la llevaba de tertulia en tertulia inútilmente. Los directores no se decidían a representarla entre otras razones porque Mariana Pineda era entonces un drama político. Margarita Xirgu, la generosa y fiel amiga del poeta, tuvo la fortuna de estrenarla en 1927. Han pasado ochenta y un año, y Mariana Pineda se nos aparece como la verdadera fuente de donde nace toda la lírica de nuestro poeta. Y sobre todo, en Mariana Pineda, Federico presagia y enaltece su desdichada y gloriosa muerte

Mariana Pineda Muñoz se casó a los quince años con un terrateniente del partido liberal, enviudando tres años después, fue detenida por bordar en una bandera la leyenda “Ley, Libertad, Igualdad”, destinada a la conspiración liberal. Uno de los miembros de la Audiencia de Granada, Pedrosa, intentó que delatara a sus cómplices, ya que estaba enamorado de ella. Al no conseguirlo fue llevada, primero, a la cárcel de mujeres de Granada y, después, a la de casa y corte, recibiendo la sentencia de muerte.

“En la bandera de la libertad / bordé el amor más grande de mi vida”, nos dice Mariana Pineda, a la que tan soberbiamente Federico supo dar voz, para que así se reconozca y aprenda a estimarse a nuestra heroína de la libertad, que duerme en Granada su sueño de amor.

La muerte de Mariana Pineda fue especialmente dramática, ya que al hecho mismo de la ejecución se unió la inexperiencia o escasa habilidad del verdugo, que con el garrote vil no sólo le rompió la médula espinal por el cuello sino que le atravesó el punzón hasta la boca. Como es sabido fue agarrotada en el Campo del Triunfo de Granada, mientras se quemaba ante sus ojos la bandera causante de su detención.

La tragedia de la muerte obsesionaba hasta el delirio la sensibilidad del niño que fue siempre Federico. Tal vez a aquel gran poeta, dulce y profético, la muerte de Marianita “en su Granada “, le ofrecía por adelantado, y en símbolo terrible, la visión de su propia muerte. Al decir, al cantar y al contar la muerte de Mariana Pineda, Federico nos dice, nos canta y nos cuenta su imperecedero morir, el correr de su sangre, como el de sus dos ríos granadinos: “Los dos ríos de Granada / uno llanto y otro sangre”.

El amor a la libertad, le hace gritar a nuestra heroína: “Yo soy la libertad porque el amor lo quiso. / ¡Pedro!, la libertad por la cual me dejaste. / Yo soy la libertad herida por los hombres. / Amor, amor y amor y eternas soledades”.


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miércoles, 13 de febrero de 2008

RAMON DE GARCIASOL POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

RAMON DE GARCIASOL
(1913-1994)

“Quita la niebla
del corazón.
La primavera
tiene razón.”
Ramón de Garciasol.
LA VOZ DE LA FRATERNIDAD

Entre los poetas que pueden inscribirse en la vertiente de la poesía social que atiende sobre todo a la fraternidad y a la compasión por el mundo, está Ramón de Garciasol. Su firma literaria es un seudónimo. Su verdadero nombre es Miguel Alonso Calvo. El poeta nace en Humanes de Mohernando, provincia de Guadalajara, el 29 de septiembre de 1913 -día de San Miguel-. Como Miguel de Cervantes y Miguel de Unamuno fue bautizado con el nombre del santo del día. Hijo de humildes artesanos, estudió el bachillerato en el Instituto de la capital alcarreña. Se licenció en Derecho por la Universidad Central. Trabajó en una importante editorial radicada en Madrid. Poeta, biógrafo, narrador y ensayista nunca olvida sus orígenes populares. Y desde luego, Garciasol es un poeta social. “Solo mediante la cultura, mediante el diálogo –decía el poeta-, se podrá llegar a alcanzar algún día la fraternidad, la solidaridad”. Ramón de Garciasol muere en Madrid el 14 de mayo de 1994. Ramón de Garciasol nos había dicho: “Por eso quisiera que el futuro no hiciera estéril tanto duelo, pido luz y solidaridad para los que no he de ver ni se acordarán de mí”.

Garciasol escribe una poesía sobria, en la que el tema predominante es el hombre en relación con su vida y con su patria. Defensa del hombre es el primer libro de Garciasol, en el significado de veras literario. Este libro apareció en 1950 y está dedicado a Mariuca ( la que sería pronto su esposa, María del Pilar Falcó), como la mayoría de los libros poéticos de Garciasol. La esposa es, potencialmente, madre. Madre significa creación y Garciasol -como Unamuno- tendrá a la madre como uno de los temas centrales de su obra. Un libro suyo se titula, precisamente, La madre.

La ceguera es uno de los más hermosos y tristes temas de Garciasol, tema que se repite en su poesía. Cantando su ceguera, el poeta la conjurará y la transformará en radiante visión final.

En 1952 aparecen dos libros de Garciasol, Canciones y Palabras mayores. El siguiente libro Tierras de España, se publica en 1955, y significa la vuelta al soneto. La geografía y la historia de España, su Naturaleza y sus seres humanos, serán ya preocupación explícita en la prolífica obra poética de Garciasol, un caminante enamorado de su tierra.

A finales de 1956 se publica Del amor de cada día. Este amor es el de los dos, Garciasol y su esposa. La madre (1958) supone la más intensa desolación de toda la poesía de Garciasol. Poemas de andar España aparece en 1962. En 1965 publica Fuente Serena. Libro dedicado a Mariuca y “a las heroicas mujeres de los escritores españoles”. Comienza el libro como un “Homenaje a la poesía popular española”, identificación del poeta con el pueblo que canta, sea de la región que sea. Quiere él que estas canciones que crían alegría, ahuyenten soledad. En el mismo año se publica Herido ver, el prodigio de la visión recuperada. En un breve prólogo, el poeta explica, que fue operado felizmente de su miopía congénita cuando sobrepasaba las treinta dioptrías. El libro trata de la angustia y del agradecimiento: de la ceguera y de la luz.

Garciasol ha dedicado varias obras en prosa a Cervantes y no podía faltar un libro de poemas a él consagrado: Hombres de España: Cervantes. En ese mismo año, 1968, se publica Apelación al tiempo. Dos años más tarde se publica Los que viven por sus manos, poesía que está iluminada por la luz cordial de un sol de amor, o fraternidad. Libro consagrado a la honesta pobreza de quien trabaja “con sus manos”.

En la década de los 70, escribe los siguientes libros poéticos: Del amor y del camino, Decidido vivir, Mariuca, Memoria amarga de la paz de España y Escuela de la pobreza. En 1982 publica Recado de El Escorial y al año siguiente Diario de un trabajador, libro de despedida, por la jubilación del autor de su tarea laboral cotidiana.

Garciasol ha publicado también los siguientes libros de ensayo: Vida heroica de Miguel de Cervantes (1944), Una pregunta mal hecha: ¿Qué es la poesía? (1954), Presencia y lección de Rubén Darío (1961), por el que obtuvo los premios Henríquez Ureña en 1955 y Fastenrath en 1962, y Claves de España: Cervantes y El Quijote (1965).

En su obra, a más de los valores literarios, se percibe un aire moral respirable que la distingue. Siempre ha sido fiel al verso impar: iguala con la vida al pensamiento. Y a un mandato inolvidable: “Estoy con vosotros / hombres que trabajan, / por amor, / porque me manda / el mismo clamor, / igual esperanza”.

Francisco Arias Solise-mail: aarias@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias
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Por la convivencia frente a la crispación.
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martes, 12 de febrero de 2008

CARLOS V POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

EN EL 450º ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE
CARLOS V

“Temiendo tu valor, tu ardiente espada,
sublime Carlos V, el bárbaro africano,
y el bravo horror de ímpetu otomano
la altiva frente humilla quebrantada.”
Fernando de Herrera. A Carlos V Emperador.

LA VOZ DEL EMPERADOR

Entre los aspectos positivos de la personalidad de Carlos V se citan la religiosidad, su amor a la justicia, su gusto por los negocios de Estado, al tiempo que se enfatiza el gesto de su abdicación de Bruselas, un adiós al poder que revela su “épica grandeza”, para concluir con la halagadora constatación de su “sentido ético de la existencia” como principal elemento de definición. Entre los defectos se mencionan la sequedad de su trato, su tendencia a olvidar las recompensas merecidas por sus servidores o su afición a la guerra y su ansia de protagonismo militar. Finalmente se reseñan su inclinación a las mujeres y su apego a los relojes y los mapas, mientras sus gustos artísticos se ejemplifican en su amor a la música y en su conocida estima por Tiziano.

Carlos I de España y V de Alemania nace en Prisenhod (Gante), el 24 de febrero de 1500. Hijo de Felipe el Hermoso, de la casa de Habsburgo, y de Juana la Loca, de la casa de Trastamara. Hereda de Maximiliano I, su abuelo paterno, los territorios del archiducado de Austria, de Fernando el Católico, su abuelo materno, los reinos y posesiones de la Corona de Aragón, y de Isabel la Católica, su abuela materna, Castilla y todas sus posesiones. Rey de España en 1516 y emperador de Alemania en 1519. Era el rey más poderoso de su tiempo, con dominios en Europa, África y América, pudiendo decir que no se ponía el sol en su Imperio.

Su reinado consagra la idea del Estado nacional renacentista, a la que Carlos V añade la idea imperial europea, de restauración de un Imperio cristiano regido temporalmente, a la que se oponen Francisco I de Francia, el Papa y el espíritu nacionalista de la época, contrario al Imperio medieval pretendido por Carlos V. Su sueño de dominación universal le obligó a luchar contra Francisco I en cuatro guerras, logrando vencer al monarca francés en Pavía y obligándole a firmar el Tratado de Madrid (1526). También peleó contra Solimán II, sultán de los otomanos, y contra los luteranos de Alemania. Detiene el avance hacia Viena de los turcos, a quienes conquista Túnez y La Goleta. Con los protestantes firma la paz de Nuremberg (1532) y Mühlberg (1547), pero en 1548 concede un estatuto de igualdad de derechos entre católicos y protestantes.

No supo hacerse querer por sus súbditos de España, a quienes agobiaba con sus excesivos impuestos originados por su ambiciosa política exterior, y a los que desagradaba sobremanera la corte flamenca que introdujo en el país. A principios de su reinado estalló la sublevación de las Comunidades que termina ahogada en sangre. Los comuneros fueron derrotados en la famosa batalla de Villalar (1521), siendo condenados inmediatamente a muerte y ejecutados sus jefes Padilla, Bravo y Maldonado. Igualmente las tropas del rey derrotaron el movimiento de las Germanías de Valencia y Mallorca, en 1521 y 1523 respectivamente.

No pudiendo, a pesar de su autoridad y su gran energía realizar completamente sus proyectos ambiciosos, y cansado del poder, abdicó en 1556 y se retiró al monasterio de Yuste (Cáceres), donde murió el 21 de septiembre de 1558. El retiro de Carlos V, y sobre todo sus funerales, a los que, según una tradición reconocida hoy por falsa, quiso asistir en vida, han sido objeto de frecuentes alusiones. Le sucede en España su hijo Felipe II, en Alemania su hermano Fernando I. La idea imperial de Carlos V muere con él, pero sus sucesores en España pretenden continuar siendo el brazo armado de la Iglesia y de todos los reinos católicos frente al protestantismo.

El siglo XVI es el siglo de la historia americana e imperial más fecundo y nutrido de los tres siglos de poderío territorial de los españoles en el mundo. En este siglo se perfila de un modo claro el mapa de los dominios españoles y se definen las rutas de expansión. En realidad, en 1517 comienza la ola de las exploraciones americanas fructíferas, Grijalva, hombre de Cuéllar, como Diego Velázquez, es el verdadero descubridor de México, llegando mucho más allá de donde luego Cortés fundara la villa rica de la Vera Cruz. El año 1519 es el jalón inicial de la conquista de México, llevada con pericia singular, tacto, y valor no igualado sino por Pizarro, por Hernán Cortés. En la misma fecha se iniciaba el crucero que había de ser inmortal, dirigido por Magallanes y en cuyo curso había de descubrirse la comunicación entre los dos “mares” –el del Sur y el Atlántico-, las islas Filipinas, islas e islotes oceánicos, comprobándose además de un modo práctico la esfericidad terrestre.

A partir de entonces ya se sabe en la Casa de Contratación de Sevilla –y por lo tanto el Consejo de Indias, el rey y los organismos solventes de España- cuáles son las fronteras geográficas del mundo que comenzaba a señorearse. En 1526 se lanza la expedición que tenía por objeto completar el dominio colonial de España con la Florida.

La Edad de Oro (lo de siglo suele resultar poco exacto) de las letras españolas comienza en la época de Carlos V, emperador que cuenta entre sus más heroicos capitanes con Garcilaso de la Vega, que ante su vista cayó herido peleando en la campaña de Provenza, y que fue considerado tanto por Cervantes como por Lope de Vega, el primero de los poetas castellanos.

El reinado de Carlos V podría resumirse en esta frase: El gran legado de Carlos V fue la unidad de Europa y España con una influencia muy significativa en la confección de la política imperial. Y como dijo el poeta: “Alce España los arcos en memoria / y en colosos a una y otra parte / despojos y coronas de victoria, / que ya en la tierra y mar no queda parte, / que no sea trofeo de tu gloria, / ni le resta más honra al fiero Marte”.

Francisco Arias Solise-mail: aarias@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias
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Será vano el intento de humanizar las guerras. Lo humano es evitarlas.
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lunes, 11 de febrero de 2008

ARTURO BAREA POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

ARTURO BAREA
(1897-1957)

“Hijo, yo de la guerra no entiendo.
Pero ¿por qué matarse?”
Arturo Barea.


LA VOZ DE UN REBELDE

Arturo Barea es un novelista que ha alcanzado un gran prestigio internacional. Su gran obra, La forja de un rebelde, escrita en buena parte durante la guerra, solamente aparece muchos años después. Es libro de curiosa historia: se publicó primero en inglés (Londres 1941-1944), para ser retraducido después a su lengua original (Buenos Aires, 1951).

La forja de un rebelde constituye una trilogía integrada por tres libros -La forja, La ruta, La llama- y en cuanto que es básicamente una autobiografía, resulta ser una crónica de la España en que su autor vivía. El elemento autobiográfico, en ningún momento ocultado, pues aparece el autor con nombre y apellido, no cuenta en función de la biografía de Barea, sino de una rememoración de las vivencias del autor que sirven para la reconstrucción decisiva de la historia española. No todos los libros de la serie tienen el mismo valor y el primero de ellos, La forja, más independiente de juicio, constituye una de las obras novelescas más importantes de nuestro siglo. La forja es una afortunada evocación del mundo juvenil del protagonista, narrada con gran veracidad y con un sereno, pero dolorido, sentir del Madrid humilde de finales-comienzo de siglo. La capacidad de observación y la afortunada notación costumbrista conceden al libro un valor testimonial extraordinario. La narración directa, la ingenua perspectiva infantil o juvenil es de un considerable valor, lo mismo que sucede con el afortunado relato del acceso a la experiencia del muchacho protagonista. La forja es, sin duda, el libro más valioso, más afortunado de Barea. El siguiente de la serie, La ruta, es un relato fundamentalmente crítico sobre la guerra de Marruecos. En La llama aparece también la problemática personal de Barea, su vida matrimonial fracasada, su deseo de integración en la lucha popular, su incorporación definitiva a esa lucha sus tareas de censor de despachos de prensa en los corresponsales extranjeros desde su “oficina” instalada en la Telefónica de Madrid, en torno a la cual silban los obuses. Toda la guerra, desde los días heroicos, trágicos y violentos de julio de 1936, pasando por los bombardeos de la capital, la presencia de las Brigadas Internacionales, las luchas ideológicas, la resistencia republicana, la Valencia de la retaguardia, el éxodo final, figuran en las fascinantes páginas de Barea, que en muchos casos recuerdan al mejor Galdós madrileñista y popular.

Arturo Barea Ogazón nació en Badajoz el 14 de agosto de 1897 y murió en Feringdon (Inglaterra) el 24 de diciembre de 1957. De humilde origen, la mayor parte de su vida se desarrolló en Madrid; la pobreza y dificultades de los barrios populares marcaron su trayectoria ideológica. Su formación fue autodidacta. Trabajó como meritorio en un banco, fue uno de los organizadores del sindicato de empleados de oficina de la UGT. Hizo el servicio militar en Ceuta y Marruecos, luchando en la llamada Guerra del Rif. Su biografía hasta la guerra puede seguirse a lo largo de La forja de un rebelde. Durante la guerra se casó con una periodista austriaca. Al finalizara la guerra se exilió Francia y posteriormente a Londres, donde se dedicó al periodismo y a la crítica, siendo autor de dos ensayos: Lorca. El poeta y el pueblo (1944) y Unamuno (1952). Adoptó la nacionalidad inglesa en 1948. Bajo el nombre de “Juan de Castilla” tomó parte en las emisiones españolas de la BBC de Londres. Comenzó su carrera literaria con un volumen de cuentos basados en la guerra civil española, Valor y miedo, que se publicó en Barcelona en 1939, su fama literaria comenzó con la publicación La forja de un rebelde. Posteriormente publicó la novela La raíz rota (1952 en inglés; 1955 en español) Su última obra, un volumen de cuentos titulado El centro de la pista, se publicó póstumamente en 1960, en Madrid.

En su novela La raíz rota plantea un tema de gran interés, el de regreso del exilio, asunto poco tratado por los escritores del destierro como por los de interior. El título de Barea es alusivo a la falta de enraizamiento que se encuentra el exiliado a su regreso, lo que le obliga, tras sucesivas decepciones, a volver al destierro. Y es que, como dijo el poeta: “De todo me arrancaron / me dejan el destierro”.

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